Hay veces que me pregunto:
¿Qué
si los sueños podrían tratarse de hechos
ocurridos y que nuestra memoria es más
vulnerable cuando está relajada.
Tengo la suerte de recordar prácticamente casi todo aquello que sueño,
e incluso sé que mis sueños son en
color: pues los percibo tal cual y
llenos de detalles, aunque no sé exactamente
el por qué. Hay un sueño que se viene repitiendo con bastante frecuencia
de un tiempo hacia ahora, el escenario se desarrolla en los bajos de un
edificio: digamos como si fuese un garaje muy grande, pero que
en vez de plazas de aparcamiento, son cuartos independientes
con su correspondiente puerta.
Por las zonas comunitarias se
aprecian caminos, que están llenos de escombros y suciedad. Y junto a mí se
encuentran diferentes familiares llegados de Extremadura y que yo trato de
enseñarles que en el cuarto de mi propiedad guardo diferentes creaciones realizadas por mí, mayoritariamente son
tallas en madera.
Aunque
a mis familiares no les dicen nada, observo en sus miradas extrañeza y me
siento obligado a decirles, que hay mucha delincuencia y que todo está en ese
lamentable estado, porque se dedican a robar y destrozar todo aquello que los
demás tenemos allí almacenado.
Al repetirse con cierta frecuencia y no recordar exactamente cómo
transcurre el resto de lo sucedido, me hace pensar que quizás se trate de
recuerdos lejanos y que tal vez estos hayan sido vividos por mí en cualquier lugar o espacio de tiempo
anterior.
No es solo este caso: tengo algunos sueños más que se han repetido a lo largo de mi
vida y en alguno de ellos… he podido
comprobar que llegando a un lugar en
medio del monte, en mi ciudad natal y en reiteradas ocasiones he llegado a un sitio en concreto y he visto el mismo lugar donde en sueños siempre
aparece una señora mayor que está comiendo castañas sentada sobre una gran roca.
Cuando he sido consciente que me encontraba en
el lugar y lo único que faltaba en la escena era la señora: parece fácil
contarlo así, pero en esas ocasiones se me erizaban los pelos de mi cuerpo y sentía una sensación
extraña.
Por eso, me pregunto: ¿Quién sabe qué hay de realidad en aquello que
percibimos como la vida?
Quizás los hombres en sí no seamos más que un simple pensamiento y que a
través de este seamos capaces de fraguar nuestra vida, todo aquello que nos
rodea y que posiblemente tengamos la capacidad de comunicarnos sin necesidad de
emplear ningún medio y que esto sea simplemente por proximidad.
Tal vez podríamos ser incluso cualquier tipo de células o bacterias en
otro organismo superior…
«Son preguntas que con frecuencia acuden a mi cabeza y que hasta ahora
no he podido llegar a ninguna conclusión».
Me baso en la estructuración y la organización que ejercen las células
en los seres vivos.
©®Francisco Izquierdo Herrero
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