jueves, 28 de agosto de 2014

«Cosas que acontecen en mi ciudad…»


Escrito en mayo de 2013


  Paseando por la ciudad, al regresar de comprar media docena de gaseosas y un par de lechugas…

   Al llegar junto a la confluencia de las calles «Dos de Mayo con la de La Estación», es decir, el centro neurálgico de Miranda de Ebro.  Ayer, me  llamó la atención un hecho bastante curioso: 
   En mitad de la peatonal y transitada  vía, se encontraban dos personas,  que por su aspecto físico me hicieron pensar que podrían ser árabe s; aunque a decir verdad, no me atrevo a asegurarlo por el hecho de que  no les escuché hablar y, además,  la distancia en sí  era tal que no pude cerciorarme de que nacionalidad podrían ser. Pero no fue eso lo que causó que fijase la vista en ellos, sino la situación en que estos se encontraban. Por todo el medio de la calle éstos provistos de un carro, de  los utilizados en cualquier centro comercial, trataban de transportar un colchón de grandes dimensiones (cama de matrimonio). En mi caso, y a diferencia de  otros transeúntes  y testigos circunstanciales que les miraban  y reían  descaradamente, este desagradable  marco  escénico me ha hecho responder a las preguntas que me han llegado desde el  cerebro:  «¿les habrán  desahuciado, y al no tener liquidez para solventar los gastos que derivan  por hacer la mudanza las empresas dedicadas a estos menesteres, se hallan visto obligados a utilizar dicho medio de transporte?» y que, además de verse en esta lamentable  situación, también,  verse obligados a ser humillados: por aquellos que no son conscientes de la realidad  ni del problema por el que estos están atravesando se ríen  por el medio de transporte utilizado para trasladar  tal vez sus únicos enseres. En fin…, me entristece, y mucho, la pasividad de las personas que se tienen por buenas y, en cambio,  ante las desgracias de otros   lo único que se les ocurre es   ridiculizarlos: señalándoles  con su dedo índice y riendo a mandíbula partida.

   Hoy les ha tocado a estas dos personas, mañana, puedo verme en su misma situación; pero no sé, si tendría el valor suficiente para defender lo poco que me queda: mi dignidad.


© ®Francisco Izquierdo Herrero

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