Escrito el 22 de octubre de 2011 un (S) 19:08
Está cerca día de todos
los santos y me resulta curioso que haya
tantas maneras de celebrar lo mismo y de tan diferentes maneras, quizás
todo promovido con el único interés del consumismo sobre todo últimamente .
Ahora es conocido como
Halloween y consiste entre otras cosas en festejar por todo lo
alto incluido la forma de vestir, pues las personas que participan se
disfrazan haciendo que las cosas relacionadas con la muerte
adquieran un tono humorístico. Todo va dirigido a la
comercialización de trajes, artículos festivos y flores para según
ellos rendir culto a los difuntos.
«Lo americano vende mucho y
los comerciantes enseguida convierten todas las costumbres en
obligaciones con el único afán recaudatorio y beneficio personal».
Otra forma consiste en la
oferta de flores y adornos para acompañar durante unos días a los difuntos
y engalanar los cementerios, llenándose estos de todo tipo de personas, unos
para que vean que aún se acuerdan de sus familiares fallecidos: les llevan
los mejores ramos y flores y durante
el resto del año ni siquiera se dejan caer
por allí.
Aquí, donde resido ahora, en
las pastelerías elaboran un dulce típico, huesitos de santos, todo con el afán de sacar dinero extra. En fin, que
cada cual es dueño de su vida y con ella puede hacer lo que le venga en ganas,
pero me parece muy triste, que los alrededores de los cementerios se
convierta en esos días en un mercadillo y lo que pueda conllevar, pues, incluso algunos visitantes se dedican a robar las flores con el fin
de revenderlas y sacarse así un dinero extra, otros simplemente las quitan y se las ponen a
sus difuntos.
Recuerdo con nostalgia
aquellos días de difuntos en mi infancia, donde todo consistía en que los
mayores acudían por la mañana al cementerio para ponerles flores y acompañar
durante unas horas a sus difuntos y por la tarde convertirlo en una
reunión entre familiares, vecinos y amigos .
En las inmediaciones del
barrio, es decir, en pleno campo, pues, nosotros vivíamos a las afueras de la
ciudad y a partir de nuestras casas todo eran retamas, tomillares y
lavandas. Los muchachos nos pasábamos toda la tarde mientras que los adultos se
afanaban en preparar una fogata, a base de retamas y tomillos y cuando el
fuego se convertía en ascuas se echaban las castañas (en Plasencia
conocidas por calbotes) y se
asaban y luego se arropaban con las lavandas, eso conseguía que se
ablandaran y aromatizasen al mismo tiempo.
Aún recuerdo el delicioso sabor y la unión que había entre los
vecinos y amigos, pues , en realidad parecíamos familiares, unos llevaban
castañas, otros el pan y el vino y los demás chorizos, morcillas, costillas… y,
con todo, se hacía una merienda-cena en compañía de niños y adultos.
Entre otras cosas nos hacían
comprender lo importante que eran los amigos y los vecinos, había tal unión que
parecíamos una gran familia.
Eso hoy por desgracia se ha
perdido, ahora solo interesa el individualismo y el interés económico…; pero en mi caso, prefiero seguir recordando el día de
los difuntos como cuando era un niño.
Y estos días, más que cualquier
otro, recuerdo con mucho cariño a todos aquellos que formaron parte de mi vida
y que hoy son difuntos. Aunque, a decir
verdad, ellos me acompañan siempre en mi corazón y el pensamiento.
Va por ellos este escrito, en el que
expreso mis sentimientos y desacuerdos.
©®Francisco Izquierdo Herrero
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